-Será una gran
noche Caroline –me dice él extendiendo su brazo. Yo paso por delante de él,
sintiendo su mirada en mi espalda. Bajo la escalera a un ritmo seguro, siento
como él me sigue a uno o dos escalones. Apenas estamos abajo, él abre la puerta
para mí y yo salgo de la habitación. De
todas las cosas que se pueden considerar inseguras cuando estás en una ciudad
que no conoces, absolutamente sola, a millas de distancia de tu casa, sin duda,
la más peligrosa de todas, es salir con el hibrido, de familia original, que
domina Nueva Orleans.
Apenas siento
el aire semi frío en la cara, abro mi chaqueta sintiéndome un poco más segura.
-Estas en el
corazón de la cuidad –dice Klaus a mi lado-
-Entonces
vamos a pie, me sentiría más segura que subiéndome a un auto contigo –le
contesto rápidamente. Él me asiente- Deja de sonreír de esa manera o correré de
regreso a mi habitación
-Estás sola
Caroline, de mi no podrás escapar –me dice él y extiende su brazo yo me
engancho él y comenzamos a caminar. No quiero debatirle el hecho de que estoy
absolutamente sola en su ciudad, porque tiene todas las de ganar, es la pura
verdad.
-Vine por ti
Klaus –le digo mirándolo directamente a los ojos- no puedo correr, solo haz que
este viaje valga la pena, aunque me regrese con un gran no a Mystic Falls.
-Dame una
noche y puedo convencerte para que te quedes aquí por lo que dure la eternidad
–me susurra al oído, mientras comenzamos a caminar por una calle poco
transitada, es amplia y las luces nos llegan lentamente. Le doy una última
mirada antes de comenzar a contemplar la belleza de la cuidad, estamos
caminando lento en silencio uno al lado del otro y todo esto paree tan irreal.
-Pensé que me
llevarías al club más alocado de toda Nueva Orleans –le digo cuando llegamos a
un puente, donde el agua se mueve suavemente a causa del viento que lo roza.
Pasamos de toda la electricidad entre nosotros a una calma increíble, una calma
que no sentía hace mucho tiempo. Bajo mi mirada a mis dedos apoyados en la
baranda. A pesar de los autos pasando, el clásico ruido de la cuidad, este
podría ser el lugar perfecto.
-No puedes
disfrutar de los lugares más oscuros de la cuidad, cuando no has visto primero
su brillo Caroline –me responde él cuando su mano alcanza mi coleta y suelta mi
cabello- lo prefiero suelto.
-Sí yo también
–le digo suavemente- ¿una confesión? –él me mira, y veo en su rostro paz. En el
rostro de mi hibrido favorito hay paz y se ve espectacular. Algo en mi se
derrumba y mi estomago patea. Asiente suavemente.
-Me siento
segura aquí y siento tranquilidad, no el constante miedo que me genera Mystic
Falls desde que me convertí –Susurro despacio. Él está a mi lado y me observa
con sus profundos ojos verdes oscuros.
-¿Sientes
miedo en Mystic Falls? Quien lo diría
-¡Claro que
siento miedo Klaus! –grito con la voz chillona, mirándolo- es un constante
escapar, tratar de sobrevivir, luchar el día a día, desde que todo esto comenzó
no hemos tenido un día en que no hayamos batallado por seguir vivos...Elena,
los Salvatore, Bonnie, Jeremy, Matt, Tyler, yo...Siempre uno está en riesgo
-Siempre hay
un mal mayor que les quiere arrancar el corazón
-Un hibrido
por ejemplo –comento y él me sonríe espectacularmente.
-Nueva Orleans
no es un paraíso de la calma –dice él después de una larga pausa y es como si
me abriera su corazón un poco, para investigar más allá.
-¿Por qué lo
dices? –pregunto tratando de que me diga más. Algo le está incomodando, algo no
está saliendo bien en su juego.
-Quizás te lo comente
después de unas copas –Susurra enseñándome una sonrisa medio torcida. Bien,
estoy dispuesta a divertirme esta noche ¿hace cuanto no lo hago?
Yo me separo
de la baranda y le sonrío. Sus ojos se iluminan en medio de la oscuridad y me
extiende su mano. La observo por unos instantes, no sé si es correcto tomarla,
es algo tan íntimo...al final, la acepto. Comenzamos a caminar por la calle
principal otra vez, un largo rato, hablando de pintura, de su padre...yo le
hablo de cómo me sentí cuando nos enteramos de que papá era homosexual. Klaus
parece abierto a hablarme de su vida, me muerdo la lengua cien veces para no
hacer mis clásicos comentarios respecto a su maldad y las muertes que carga
sobre las manos, al final no soy muy distinta a él. También he matado por
proteger a la gente que quiero, por hambre. Llegamos a una calle pequeña, de
casas antiguas, y entramos por un pasillo más menos oscuro. Siento un escalofrío
recorriéndome la espalda, es una energía extraña, algo que está en el aire.
Klaus parece notarlo, pero no hace ningún comentario.
Cuando estamos
frente a un portón de dobles puertas negras me detengo en seco. Frunzo el seño
-¿Qué es esto?
-Abre sus
puertas
-Parece un
lugar donde podrías matar a alguien y nadie lo notaria –le digo poniendo ambas
manos en el portón negro. Está tan oculto y en realidad siento miedo.
-Amaras este
lugar Caroline –susurra él mientras yo empujo las puertas dobles. La música llega
a mis oídos palpitando fuerte. En Nueva Orleans hay buenos DJ. Yo le sonrió espléndidamente,
porque esto es totalmente mi estilo. Klaus cierra el portón detrás de mí y
estamos en un pasillo estrecho por donde comenzamos a descender poco a poco.
Llegamos a una media luna y giramos a la derecha. Barandas de vidrio, mesas
pequeñas y barras con chicos sexys sirviendo tragos están en el segundo piso.
Se puede ver desde el lugar en el que estamos como la gente baila al compas de “Dark
Horse de Katy Perry”
-Jamás pensé
que visitaras este tipo de lugares –le digo a Klaus cuando lo siento llegar por
mi espalda con una botella de tequilla. Mi favorito.
-¿Y cuáles
serían mis “lugares” Caroline? –me dice sentándose frente a mí, observándome fijamente.
Si no fuera porque me concentro en su voz, no escucharía absolutamente nada. La
música parece zumbar más fuerte, puedo ver a unas chicas de cuerpos pintados
bailando sobre tarimbas, absolutamente desnudas, de pronto quiero ser una de
ellas. Él olor a cigarro se hace más fuerte y comienzo a escuchar voces a lo
lejos, incluso un auto pasando más allá. Mis emociones se están magnificando al
igual que mis sentidos.
-Bingos de
señoras de unos ochenta años, bailes clásicos, quizás un bar donde toquen charlestón...-le
digo inclinándome en la mesa. Klaus me sonríe y extiende un vaso de tequilla. Soy
más rápida y agarro la botella, llevándomela a los labios y bebiendo un gran
sorbo que quema mi garganta. Eso hace que mis emociones se medio controlen
-No me quedé
pegado en los años veintes –Dice Klaus cuando alza una ceja y extiende su mano
para tomar la botella y beber directo de ella- he vivido cada época al máximo
-Tu estilo es
otro, es más elegante, beber de vasos de cristal, la cultura, el arte, la
seda...no esto –murmuro llevándome la botella a la boca otra vez y cerrando mis
ojos al sentir el picor en mi lengua.
-Digamos que no
has visto todas mis facetas...-y de un manotazo me quita la botella y bebe lo
que es un buen sorbo. Siento como poco a poco me voy embriagando del olor a
cigarro, el tequilla puro y lo caliente que se ve Klaus, vestido totalmente de
negro, bebiendo de la botella.
-Humm, he
visto tu faceta de pintor, excelente acompañante en bailes, también el
Caroline-ayúdame-tengo-una-estaca-de-roble...el maldito loco acecino, intento de
Dios creador de híbridos inútiles...
-Te saltas mi
mejor faceta –susurra el arrebatándome la botella. Klaus quiere embriagarse
conmigo y eso me hace ponerme en alerta un segundo, quizás las cosas en Nueva
Orleans no le están saliendo como él lo esperaba, pero, después de darle un vistazo,
me digo a mi misma, que al menos ahora no importa. Nueva Orleans se puede
quemar y partir en dos, porque esta noche somos solo nosotros dos y el tequilla
-¿Cuál sería
esa?
-Médico
personal de Caroline Forbes, te he salvado la vida dos veces
-Y me lo has
recordado dos veces, en todos los casos tú la pusiste en peligro-murmuro ya
cuando la adrenalina comienza a subirse por mis venas- ¡Oh-por-dios! ¡Amo esta
canción! –le digo a Klaus y él pone cara rara.- Bien, entonces quédate –me saco
la chaqueta y la tiro sobre la mesa. Bajo a velocidad vampiro has escaleras
hasta llegar a la multitud de personas que comienzan a saltar con los brazos en
alto, poco a poco soy parte de todos ellos. Siento mi pelo revoloteando por
todos lados. Siento cuerpos pegándose a los mío y no puedo escuchar nada más
allá que la música palpitando en mis oídos. Levanto mis manos y doy un par de
vueltas. Me siento borracha, estoy borracha, mi estomago se siente demasiado
liviano y mi cabeza da vuelta, veo borroso, y no sé cómo se me ha subido tan
rápido el alcohol. Recuerdo que no he comido nada.
-Uh-Uh –Por un
segundo mi estomago gruñe y pienso tomar a una pelirroja, doblar un poco su
cuello y darle una mordida, no muy profunda, solo hasta que mi estomago deje de
gruñir. Un latido de mi corazón y ¿Qué demonios me pasa? ¡Yo no bebo de la
gente! Me detengo en seco. Estoy en medio de una pista de baile y siento muchas
ganas de reírme, de seducir. Veo a Klaus a lo lejos apoyado con las piernas cruzadas en
un pilar. Observándome.
-Ven –le digo
desde donde estoy y bailo moviendo sexymente mi cintura. Él me sonríe sin
enseñar los dientes, me niega levemente con la cabeza y agacha su mirada.
-Ven –le repito
mientras salto y meneo mi cabeza haciendo que mi pelo ondulee por los aires. Es
increíble lo que el alcohol, música fuerte y el hambre le pueden causar a un vampiro
como yo, taaan controlada. Llevo mis manos hasta el borde del vestido negro
ajustado y lo subo un poco mirando directamente a Klaus, juego con él, y no me
importa. Me muevo al compás de la canción y a una velocidad increíble mi
espalda está azotando con una pared. Klaus me sostiene desde la cintura con una
mano y la otra la tiene apoyada en el cemento macizo. Siento su respiración
dificultosa mezclándose con la mía. Sus ojos enfocados en mi boca.
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