-Klaus...-susurro
con un hilo de voz. Su mirada está fija, puedo ver la petulancia en toda su
presencia y es como si mi corazón por un instante se detuviera. El endereza su
cuello lentamente y yo sigo mirándolo por el cristal, con la piel erizada. Respira Caroline. Dejo salir el aire de
mis pulmones lentamente, poco a poco tratando de calmar mis nervios, porque de
todas las cosas que podían pasar, que hoy, él se apareciera en mi habitación
del hotel, era totalmente improbable.
-¿No dirás
nada más? –dice en mi espalda y con eso envía otro estremecimiento, de pronto
siento frío subiendo por mi columna. La chaqueta ya no está tibia y es como si
toda yo hubiese perdido el calor. Me subo el cierre de la chaqueta y siento
deseos de pegarme en la cabeza contra el cristal hasta desangrarme. Jamás debí
vestirme de esta manera. Ante sus ojos me siento absolutamente desnuda y sin
armas. Estoy en su territorio, en su Nueva Orleans, esto no es Mystic Falls
donde están todos mis amigos. Rápidamente asumo eso como mi realidad. En
silencio le agradezco a Dios porque Klaus siga aquí. Me giro lentamente para
estar frente a frente a él. Estamos solo a unos centímetros el uno del otro, mi
cuerpo casi rozando el de él. Mi vista se enfoca en sus ojos y veo como estos
recorren los míos, luego baja lentamente la vista y se posa en mis labios.
Trato de controlar mi respiración para que se vuelva más regular pero mi pecho
sube y baja más rápido de lo que deseo. Retrocedo un paso para que haya más
espacio entre nosotros, pero él avanza hacia mí y pega su mano derecha al
cristal mientras inclina su cabeza reduciendo nuestro espacio. Veo como su
respiración también es rápida y en ese precioso segundo, no hay nada más sexy
que él, que la postura de su cuerpo, que su rostro sin sonrisa. El calor que él
emana es potente y estoy perdida, no estoy pensando. Puedo sentir la
electricidad que hay entre nosotros. Mis ojos están fijos en los de Klaus. Su
mirada es tan penetrante- Generalmente cuando pregunto algo me gusta que me
respondan –susurra cerca de mi boca. Yo cierro los ojos y trato de mantener
todo lo que siento a raya, pero siento como el deseo se comienza a magnificar,
por su aroma, su calor, el saber que estoy en su ciudad, donde tiene más poder
que nunca y todo eso es absolutamente fascinante y envolvente.
-¿Qué haces
aquí? –pregunto cuando en alguna parte de mi cerebro algo se activa y recuerdo
como hablar. Trago saliva lentamente y alzó mi mano para ganar algo de
distancia entre nosotros. Apenas mi mano abierta toca la dura pared que es su
pecho, que queda ahí. Instintivamente mis dedos se aferran a su polera negra.
Él baja su vista hasta mis dedos y sonríe. No lo quiero alejar y él lo sabe.
Cuando pienso que la tención sexual entre nosotros no puede ser más alta, su
mano libre sube hasta mi cuello y lo acaricia con la punta de los dedos
enviando miles de corrientes eléctricas por toda mi espalda. Yo la arqueo
levemente y él lo nota. Me sonríe enseñándome los dientes y yo me derrito. Todo
Klaus es envolvente. Siento como abre sus dedos y los comienza a introducir
lentamente por mi cabello, haciendo una leve presión. Yo cierro los ojos ante
lo que esa caricia me provoca. Todo se está magnificando entre ambos. Antes de
irme a negro veo como disfruta ver como caigo en su juego.
-Creo que eso
debería preguntártelo yo Caroline –Dice despacio. Necesito aire. Abro los ojos
y suelto mi mano de su camiseta. Me escabullo dándole un pequeño empujón con mi
hombro y camino rápido hasta el otro extremo de la habitación. Benditas sean
las habitaciones grandes. Me concentro en la pared de color café con leche
hasta calmar mi respiración. Cuando ya me siento más normal, me bajo el vestido
lo más que puedo y me giro hasta Klaus. Él está apoyado en el cristal, con las
piernas cruzadas al igual que sus brazos. Parece tan poderoso que de pronto
tiemblo, pero vamos, es solo él.
-Necesitaba
hablar contigo –le suelto de pronto. Entre más rápido haga esto será mejor.
Prefiero que me dé un no rápido a quedarme con la duda de que nunca lo intenté.
¡Enfócate en Silas!
-Al menos
deberías saludarme como corresponde –Susurra impulsándose hacia delante,
caminando lentamente hacia mí, de pronto no somos Klaus y Caroline en una
habitación. Somos un hibrido y una chica que no está pensando.
-Detente –le
advierto parándolo con mi mano. Él alza sus brazos mostrándome sus palmas en
señal de inocencia- estoy aquí por un propósito y tienes que escucharme.
-¿Cuándo no te
he escuchado? –me dice alzando una ceja. Yo suelto la respiración- Lindo
vestido, muy adecuado con mi cuidad.
-Gracia –le
digo sarcásticamente, en realidad no se lo agradezco, me gustaría en ese
instante que tuviese una bolsa de papel en la cabeza, así sería más fácil
decirle lo que le tengo que decir y largarme de aquí.
-Entonces dime
¿en qué te puedo ayudar? Debe ser algo grande, para que hayas venido
precisamente tú desde Mystic Falls a
buscarme...
-Es algo
grande Klaus –le explico esta vez caminando yo hasta él- sólo necesito, por un
segundo que me escuches y no pienses solo en ti.
-Creo que esta
conversación debería ser acompañada de un buen trago –dice cuando ve mi borgoña
sobre la mesita de noche- esto es Nueva
Orleans y yo conozco todos sus secretos.
-Bien, vamos
por un trago –le digo después de mirarlo un segundo a los ojos. Si iba a
decirme un gran no, mejor que lo hiciera cuando estuviera bastante borracha y
hubiese bailado unas cuantas canciones, así la decepción no sería tan grande y
el viaje no sería perdido.
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