El avión
aterriza en Nueva Orleans cuando la noche ya está comenzando a caer lentamente
sobre la cuidad. Desde una distancia puedo comenzar a ver las luces de una gran
cuidad que no descansa, una cuidad rápida, llena de altos edificios,
rascacielos iluminados. Una ciudad que le pertenece al hibrido más despreciable
y sexy de todos. Tomando una bocana grande de aire, me preparo para comenzar a
descender. Escucho como las ruedas del avión hacen contacto con el pavimento raspándolo
suavemente. Cierro los ojos y siento como se me revuelve el estomago, no sé si
estoy lista para todo esto. Bienvenidos a
Nueva Orleans dice una voz masculina por el alto parlante. Me desabrocho el
cinturón de seguridad. Un último suspiro, una última bocanada de aire, el
corazón latiéndome furiosamente, el miedo consumiendo mis venas, la adrenalina
aumentando al máximo mientras mis oídos comienzan a zumbar.
Apenas las
puertas se abren, soy la primera en moverme, por lo que desciendo de las
primeras. Un joven de unos veinte años me entrega mi maleta. Estamos a una
altura considerable, por lo que puedo observar la cuidad. El aire es tibio, no
hace ni frio ni calor, por lo que mi ropa es adecuada. Luces brillan por todos
lados, veo estelas de luz por los autos. Es una cuidad preciosa, la ambición de
dominio de cualquiera, de pronto me doy cuenta que estoy totalmente maravillada
por este lugar...es tan diferente a Mystic Falls, que es solo un pueblo pequeño
y aunque me encanta, por todo el misterio, por sus paisajes naturales, no puedo
dejar de suspirar por todo esto, hay magia en este lugar, un encanto respirable
por lo rápido, oscuro, pecaminoso...puedo sentir la música, el lujo y comienza
a ser embriagador par mis sentidos. Veo en esta ciudad reflejada toda la
personalidad de Klaus, y desgraciadamente veo la mía. Aquí, aunque no lo quiera
admitir. Rápidamente se me viene a la memoria los ojos oscuros de Klaus, su
mirada penetrando la nada, su voz profunda, el sonido de los hielos chocando
contra el cristal de su vaso, murmurando “No
subestimes el encanto de la oscuridad, hasta los corazones más puros se sienten
atraídos”
-Permiso –me dice
una chica de mediana edad, de ojos azules claros, su piel tan blanca como la
nieve y un pelo oscuro. Me recuerda a la bruja de alguna película. Ella toca mi
brazo y sus ojos se abren como plato y siento como un escalofrío la recorre. Me
parece simpática, su cara es bonita. Yo reacciono de pronto y me corro de la
pasada.
-Lo siento –digo
sonriéndole y comienzo mi descenso por las escaleras mecánicas. Cuando ya estoy
en una de las calles principales –supongo por la cantidad de autos- veo que no
tengo un plan trazado –muy raro en mi- no pensé que tardaríamos tanto en llegar, la
idea era ir en busca de Klaus y volver a Mystic Falls lo más rápido posible,
pero el tiempo me jugó una mala pasada. Me siento perdida y un poco abrumada
por la cuidad. No sé dónde debo dirigirme para pasar la noche. Un hotel pienso
rápidamente. Detengo a un moreno alto tomándolo del brazo.
-¿Dónde puedo
encontrar un hotel? –le digo enfocándome en sus ojos, esperando que se dilaten.
-¿Es enserio? ¿Hipnotizarme?
–se ríe el bruscamente y mi cabeza comienza a zumbar, un dolor profundo recorre
mi cerebro, dando la sensación de que se partirá en pedazos. Mis venas
comienzan a romperse dentro de mí, recuperándose al mismo tiempo, y se vuelven
a romper.
-¡Ah! –me quejo,
soltando las maletas llevándome ambas manos a la cabeza, cayendo de rodillas.
Nadie a mi alrededor parece sorprenderse, todos siguen caminando como si nada
pasará como si no hubiese alguien de rodillas gritando de dolor-
Detente...-suplico cuando el dolor aumenta y siento que en algún momento mis
venas no se volverán a recuperar.
-Bien –dice el
sonriéndome, y el dolor se detiene de pronto. Suelto una gran cantidad de aire
y respiro agitada. Un brujo- Doblando en la esquina que sigue encontraras el
hotel las lujoso preciosa –me dice él tendiéndome la mano. Yo lo observo a los
ojos mientras me sonríe. Me paro por mí misma, despreciando su “atención” después
de haberme generado unas cuantas aneurismas cerebrales. Apenas estoy de pie,
limpio mis rodillas y sacudo mi vestido. Tomo mi maleta y comienzo a caminar lo
más digna posible, alejándome del estúpido brujo. Gruño entre dientes.
-Aquí no son
bienvenidos los vampiros, sobretodos los nuevos –me dice él a unos cuantos
pasos de mí. Su voz es más una amenaza que una advertencia. Su voz está cargada
de poder y sé inmediatamente que algo anda mal en este lugar. No me giro a
mirarlo, pero mis ojos se han abierto de par en par y por un segundo siento una
profunda presión en mi pecho. ¿Realmente Klaus está acá? Me pregunto para mí
misma mientras camino un poco más rápido para dejar al moreno lo más lejos
posible. Es extraño- Espero que tu estadía no se alargue demasiado –me susurra
a mi oído. No me di cuenta en qué momento él llegó a mi lado. Yo doblo por la
esquina y el brujo sigue derecho. Me siento aliviada, no había notado en qué
punto dejé de respirar.
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