Camino un poco
más y entiendo que no me mintió, es un edificio gigantesco, con una
arquitectura antigua, me recuerda mucho el estilo de Klaus. Las luces están encendidas,
hay varias macetas de Verbena. Lindo recibimiento pienso rápidamente. Camino
directo al botones que tiene las manos cruzadas en su espalda. Una alfombra
roja se extiende de punta a punta y me recuerda las revistas de Hollywood, tiene
un estilo elegante, pero mucho más clásico. Apenas entro a la recepción una
rubia un poco más baja que yo, toma mis datos. Por precaución no la hipnotizo
para que me dé una habitación grande, no quiero tener que enfrentarme a una
bruja psicótica que me deje de rodillas en el suelo. Me conformo con lo que hay.
El botones quiere tomar mi maleta y me niego rotundamente. Elena me dio algunas
hierbas que puedo utilizar en contra de cualquiera que me quiera lastimar, ah,
y un par de estacas. Nadie sabe qué hará el botones con mi maleta mientras me
instalo. Tomo el elevador que me lleva hasta el veinteavo piso. Cuando estoy
frente a la puerta que marca el 48, contengo la respiración al abrir la puerta,
de alguna manera me siento un poco vulnerable tras mi fatídico encuentro con el
brujo y estar en una ciudad tan grande absolutamente sola, sin ningún respaldo
o alguien que me ayude a cubrir la espalda. Mis amigos están a unas cuantas –muchas,
muchísimas- millas de distancia y eso me pone un poco nerviosa. No sé con quién
me encontraré, ni siquiera sé con certeza si Klaus está acá. Cierro los ojos
esperando que esto no sea ni dinero ni tiempo perdido. Al cerrar la habitación
a mis espaldas y encender las luces, me preparo para un ataque, pero no hay
nada. La habitación es espaciosa y amplia. Hay una cocina americana, llena de
acero inoxidable y cubiertas de mármol, más allá un living en tonos oscuros, un
televisor gigante, hay pinturas simétricas de objetos específicos, que me recuerdan
el copo de nieve de Klaus. La pared que da a la cuidad principal es de completo
cristal. Arrastro mi maleta por un ancho pasillo hasta encontrarme con una
escalera recta de madera oscura sin pasamanos, subo por ella, lentamente y
enciendo las luces. Mi habitación es espaciosa, una cama de dorcel azul, madera
oscura. El piso es igual y en el centro hay una alfombra gris oscura. Un
tocador de espejo gigante. Repaso cada rincón dos veces, poniendo atención a
los sonidos, lo único que puedo escuchar son algunos autos pasando diez pisos
más abajo. Dejo la maleta en una esquina y me observo en el espejo. Me arreglé
demasiado para alguien a quien al menos por hoy no vería, para alguien que ¡no
sabía siquiera si estaba acá! Saqué mi celular del bolso. Diez llamadas pérdidas
de alguien que se supone que no le intereso. Aprieto “llamar” para avisar que
he llegado.
-Caroline
-Damon –contesto-
con tres llamadas perdidas hubiese bastado para saber que ya me extrañabas –le digo
sarcásticamente.
-Elena no
paraba de preguntar, lo siento –me dice y siento su sonrisa cargada a un lado.
-Pues entonces
pasame a Elena
-No creo que
este presentable en este momento –me dice con la voz sensual.
-Ay por Dios,
iugh –le digo haciendo una mueca. Demasiada información para mí- entonces dile
que llegué bien, que todo ha sido normal, excepto...
-Ay no
Caroline ¿Qué pasó?
-Hubo un incidente
extraño, un brujo me atacó en plena cuidad, dijo que los vampiros no éramos
bienvenidos, nadie pareció preocuparse por mi
-Es Nueva
Orleans, está lleno de vampiros
-Y brujos, al
parecer –le contesto yo sentándome en el borde de la cama.
-Pues solo
busca a Klaus, sedúcelo y tráelo de regreso a Mystic Falls, recuerda, no me
sirve que llegues con las manos vacías.
-Lo sé Damon,
el problema es que no sé si Klaus está acá.
-¿Cómo no
sabes si Klaus está allá? –me dice con la voz dura a través del teléfono- Klaus
tie-ne que estar allá
-Lo buscaré
-Bien –dice cortante-
ten cuidado Caroline –murmura con la voz seca. Sé en el fondo, aunque Damon no
lo quiera admitir, que se preocupa por mí y si tuviese que cubrirme la espalda
lo haría. Sonrío y me despido. Me dejo caer de espaldas en la cama. Debo armas
un plan para mañana, tengo que encontrar a Klaus, hablar con él y convencerlo
de ayudarlo, pero todo parece tan difícil, tan imposible. Me llevo ambas manos
a la cara y restriego mis ojos. El viaje me dejó exhausta, no tengo reservas de
sangre y tengo hambre. No sé si Klaus está acá, no tengo certeza de que me
ayudará, no me siento segura en ningún aspecto. Me siento rápido y decido en no
pensar de forma negativa, Bonnie nos enseñó que llamamos a las vibras negativas
y es eso lo que menos quiero hacer en este punto. Me pongo de pie y llamo por
el teléfono a recepción.
-Una botella
de Borgoña.
En unos
minutos llega mi pedido. Subo hasta mi cuarto de regreso, me sirvo un vaso y lo
llevo hasta los labios, sintiendo ese sabor dulzón en la lengua y el calor
bajando por mi garganta, quemándola levemente. Estoy de pie frente a la pared
de cristal que me deja ver la cuidad, es como si estuviese a mis pies. La vista
es fenomenal. Puedo tener una visión completa, desde los callejones más oscuros
donde están las casas históricas hasta los edificios de altos rascacielos
luminosos. Por un instante se me pasa por la cabeza el hecho de que podría
vivir en Nueva Orleans, o al menos podría disfrutar de su oscuridad y brillo al
mismo tiempo, de sus antros más mundanos. Muevo levemente la muñeca para
revolver el liquido oscuro en el vaso, una, dos, tres vueltas...
-Lindo vestido
amor –murmura una voz oscura, llena de deseo y contenida en mi oído. Un
escalofrió, más parecido a la electricidad me recorre desde el final de la
columna hasta el cuello. La piel se me pone de gallina, erizándose, calentándose.
Mi corazón comienza a latir fuerte, siento cada una de mis venas palpitando, la
adrenalina desplazándose por todo mi cuerpo. Contengo la respiración y alzo mis
ojos bien abiertos enfocándolos en el cristal. Veo su sonrisa petulante sin
enseñar los dientes, tu cabeza semi ladeada, y esos ojos profundos enfocándose en
el cristal, enfocándose...en mis ojos y es como si me consumiera. Como si su
mirada se llevara todo de mí.
-Klaus...
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