viernes, 28 de marzo de 2014

Family Tree: Capítulo 24

Pasé del desconcierto, al descontrol, del miedo a la pena, de la rabia al desconcierto, de nuevo. Algo así no podía estar pasando, me refiero a era imposible. La naturaleza no permitiría dos criaturas, hijos de Klaus.

Un hijo de Klaus.

Un hijo mío.

Esto no estaba sucediendo...

Por el bien de la humanidad...

-No, no puede ser –Susurré mirando a todos- estas equivocada Bonnie, tu nunca te equivocas pero esta vez sí.

-Ojala fuer así Caroline...estas embarazada de –Ella cerro los ojos y suspiró- de una criatura, más que sobrenatural...Klaus y tu produjeron algo...inexplicable para mi y para mis grimorios.

-Los vampiros no nos reproducimos...

-Sí –Contesto ella- eso es verdad, pero algo pasó, algo falló y aunque aun no te puedo decir que fue, tu vida está en riesgo con poderosas brujas detrás de ti, con un ser que te comenzará a comer por dentro... y para que hablar del padre.
Mis ojos se llenaron de lagrimas. Esto no podía estar pasando, un día estaba bien y al otro día estaba embarazada. Algo en el mundo, se había roto y todos nos habíamos vueltos locos. ¿Un hijo? ¿Yo con un hijo? Dios, solo tenía 17 años, tratando de sobrevivir en un mundo que ya era caótico con vampiros, hombres lobos, brujas, híbridos y viajeros ¿Se podía añadir algo más a mi vida?

-Están equivocados –Susurré y me paré. Mi vida colapsaba en mi cabeza, ideas se venían a la mente y no me lograba concentrar en lo que de verdad estaba pasando. Me sentía suspendida en el aire, como si el pilar fundamental de mi vida o hubiesen sacado y todo se desmoronaba.

Elena me miro con los ojos tristes.

Me paré y decidí salir lo más rápido que pudiera de la casa. Nadie me siguió, entendieron que necesitaba espacio para respirar. A velocidad vampirirca corrí hasta el bosque, mientras el corazón me latía demasiado rápido. Corrí, choqué con árboles y todo lo que se me atravesó porque no podía pensar.

Cuando la respiración estaba más que agitada y sentía que no podía con mi vida, coloqué mi mano sobre un árbol y conté hasta cien.

Esto no podía estar pasando.

¿Embarazada?
No, imposible.

Llevé una mano hasta mi estomago y agudicé el oído. No escuché nada...ni un latido, ni un movi...

Algo saltó en mí.

Acabas de conocerlo, te acaba de reconocer como su madre, se presenta ante ti y permite que escuches sus latidos...

Miré hacia todos los lados. Alguien había hablado en mi cabeza, esa no era mi voz, esa no era mi conciencia, era algo más. Me giré y observé.
Era la misma voz que miles de veces me había sacado de las crisis, enseñándome como respirar, que hacer.

¿Esas eran las crisis, un ser me estaba matando desde adentro?

Bajé mi mano hasta el vientre y me quedé ahí, con el aire fuera de los pulmones, mirando mis dedos moverse, y lo sentí, un latido lento, irregular, que pronto comenzó a tener más sincronía. Algo latía en mi además de mi propio corazón ¿Cómo no me había dado cuenta antes? ¿Cuándo tiempo llevaba ahí?

Él decide quién escuchara sus latidos.

Era la voz de nuevo, pero estaba tan conmocionada conmigo misma, con la naturaleza que no quise abrir los ojos. Una ola de lagrimas se subió hasta mi garganta haciendo que fuera difícil tragar. ¿Qué estaba sucediendo? ¿Qué era lo que tenía en el vientre?

Tu hijo.

¿Era un monstruo? La naturaleza no se equivocaba, nunca, necesitaba el equilibrio... ¿Un hibrido?¿ Era este niño un hibrido?

Lo es, y las brujas lo quieren matar.

Quieren matar a tu hijo, Caroline...¿las dejaras?

¿Era mi cabeza? ¿Quién estaba ahí?

Me dejé caer al suelo con la espalda apoyada contra el tronco, sin poder creer lo que escuchaba y sentía. Era una ser dentro de mí para nada esperado, un ser que la naturaleza ni las brujas querían, un hijo que como Bonnie había dicho me estaba consumiendo por dentro, un hijo que podía ser la perdición, un hijo que tal vez era esperanza.

No podía dejar de sentir el latido dentro de mí, no podía dejar de pensar que en mi vientre, crecía algo, algo que tenía mi sangre, que necesitaba de mi protección, un bebé que era indefenso, que no le había hecho nada al mundo, solo, por una extraña razón, había caído con la peor suerte de todos. Su madre vampiro, su padre...un maldito desquiciado hibrido que no amaba ni a su propia familia.

Tenía ¿días? Y ya lo estaban tratando de asesinar.

Ya conspiraban en su contra y no tenía defensa alguna.

Apreté mis manos contra el rostro y traté de entender todo esto. Una pesaba broma del destino, pero ¿quién era yo con respecto a la naturaleza? ¿Quién era yo para pasar a llevar la vida de un bebe que no tenía la culpa? ¿Quién era yo para negarle mi amor, mi respeto y tratar de protegerlo con mi vida?

No tenía a nadie más que a mí y yo, en carne propia había sentido el dolor, siendo ya grande, el rechazo de mis padres por el simple hecho de ser vampiro, y él que podía ser una criatura mucho más sobrenatural, ¿merecía pasar por lo mismo?
Absolutamente no, yo no lo permitiría, aunque la cuidad se quemara, aunque la naturaleza mandase inundaciones, aunque el mismo Klaus tratara de sacarlo dentro de mi con sus propias manos, porque de si algo estaba segura, Klaus era capas de eso y mucho más porque en su corazón no había espacio para amar nada y nadie que no fuese el mismo. Si la naturaleza o las brujas lo atacaban y el podía intercambiar al bebé por su vida, lo haría.

Y aunque todas esas cosas pasaran, aunque mi hijo me tratara de matar, comiéndome por dentro, yo lo defendería, y aunque no sabía muy bien cómo protegerme a mi misma, aunque tenía mucho miedo, no lo dejaría. Lo sostendría, lo defendería, aunque nuestras vidas se fueran por ello.

Tenía solo cinco minutos para lamentarme, una vida, una eternidad para luchar, por él, por mí.

Abrí los ojos y observé el cielo gris y no comprendía la inmensidad de las cosas, hasta una hora yo era solo una adolecente con una eternidad por delante que tenía que cuidar su trasero en un pueblito demasiado pequeño, ahora, era una chica, con la misma edad que tenía que mantenerse viva y mantener vivo a un hijo, hijo del mismísimo demonio en la tierra.

Sentí como una corriente eléctrica atravesó mi espalda, mi cabeza, era la vida golpeando mi cuerpo, asumiendo mi nueva condición.

No podía hacer nada, no había tiempo de llorar, no cuando ahora, ambos corríamos peligro.

Así se habla Caroline, desde mi dimensión te apoyaré, te ayudaré, solo no bloquees mi voz en tu mente...

Tome aire. Esto estaba siendo más raro, más sobrenatural que cualquier cosa.

Levanta tu ropa, mira el costado de tu vientre...

Sin entender demasiado, pensando que me estaba volviendo loca, que me estaba afectando hasta un punto insospechable toda la idea de ser madre, hice lo que la voz me pedía. Mi mano buscó el cierre del vestido y lo bajó. Este se deslizó por mi pecho, hasta mi cintura, donde quedó atascado. Tomé mi pecho izquierdo y lo aplasté levemente para ver mi cintura. Ahí, donde la voz me había dicho, comenzaba a dibujarse como un tatuaje, lento, caliente y doloroso, un árbol familiar.


Un Árbol genealógico.

No hay comentarios:

Publicar un comentario