Pasé del
desconcierto, al descontrol, del miedo a la pena, de la rabia al desconcierto,
de nuevo. Algo así no podía estar pasando, me refiero a era imposible. La
naturaleza no permitiría dos criaturas, hijos de Klaus.
Un hijo de Klaus.
Un hijo mío.
Esto no estaba sucediendo...
Por el bien de
la humanidad...
-No, no puede
ser –Susurré mirando a todos- estas equivocada Bonnie, tu nunca te equivocas
pero esta vez sí.
-Ojala fuer
así Caroline...estas embarazada de –Ella cerro los ojos y suspiró- de una
criatura, más que sobrenatural...Klaus y tu produjeron algo...inexplicable para
mi y para mis grimorios.
-Los vampiros
no nos reproducimos...
-Sí –Contesto
ella- eso es verdad, pero algo pasó, algo falló y aunque aun no te puedo decir
que fue, tu vida está en riesgo con poderosas brujas detrás de ti, con un ser
que te comenzará a comer por dentro... y para que hablar del padre.
Mis ojos se
llenaron de lagrimas. Esto no podía estar pasando, un día estaba bien y al otro
día estaba embarazada. Algo en el mundo, se había roto y todos nos habíamos
vueltos locos. ¿Un hijo? ¿Yo con un hijo? Dios, solo tenía 17 años, tratando de
sobrevivir en un mundo que ya era caótico con vampiros, hombres lobos, brujas,
híbridos y viajeros ¿Se podía añadir algo más a mi vida?
-Están
equivocados –Susurré y me paré. Mi vida colapsaba en mi cabeza, ideas se venían
a la mente y no me lograba concentrar en lo que de verdad estaba pasando. Me
sentía suspendida en el aire, como si el pilar fundamental de mi vida o
hubiesen sacado y todo se desmoronaba.
Elena me miro
con los ojos tristes.
Me paré y
decidí salir lo más rápido que pudiera de la casa. Nadie me siguió, entendieron
que necesitaba espacio para respirar. A velocidad vampirirca corrí hasta el
bosque, mientras el corazón me latía demasiado rápido. Corrí, choqué con
árboles y todo lo que se me atravesó porque no podía pensar.
Cuando la
respiración estaba más que agitada y sentía que no podía con mi vida, coloqué
mi mano sobre un árbol y conté hasta cien.
Esto no podía
estar pasando.
¿Embarazada?
No, imposible.
Llevé una mano
hasta mi estomago y agudicé el oído. No escuché nada...ni un latido, ni un
movi...
Algo saltó en
mí.
Acabas de conocerlo, te acaba de reconocer como su
madre, se presenta ante ti y permite que escuches sus latidos...
Miré hacia
todos los lados. Alguien había hablado en mi cabeza, esa no era mi voz, esa no
era mi conciencia, era algo más. Me giré y observé.
Era la misma
voz que miles de veces me había sacado de las crisis, enseñándome como respirar,
que hacer.
¿Esas eran las
crisis, un ser me estaba matando desde adentro?
Bajé mi mano
hasta el vientre y me quedé ahí, con el aire fuera de los pulmones, mirando mis
dedos moverse, y lo sentí, un latido lento, irregular, que pronto comenzó a
tener más sincronía. Algo latía en mi además de mi propio corazón ¿Cómo no me
había dado cuenta antes? ¿Cuándo tiempo llevaba ahí?
Él decide quién escuchara sus latidos.
Era la voz de
nuevo, pero estaba tan conmocionada conmigo misma, con la naturaleza que no
quise abrir los ojos. Una ola de lagrimas se subió hasta mi garganta haciendo
que fuera difícil tragar. ¿Qué estaba sucediendo? ¿Qué era lo que tenía en el
vientre?
Tu hijo.
¿Era un monstruo?
La naturaleza no se equivocaba, nunca, necesitaba el equilibrio... ¿Un hibrido?¿
Era este niño un hibrido?
Lo es, y las brujas lo quieren matar.
Quieren matar a tu hijo, Caroline...¿las dejaras?
¿Era mi
cabeza? ¿Quién estaba ahí?
Me dejé caer
al suelo con la espalda apoyada contra el tronco, sin poder creer lo que
escuchaba y sentía. Era una ser dentro de mí para nada esperado, un ser que la
naturaleza ni las brujas querían, un hijo que como Bonnie había dicho me estaba
consumiendo por dentro, un hijo que podía ser la perdición, un hijo que tal vez
era esperanza.
No podía dejar
de sentir el latido dentro de mí, no podía dejar de pensar que en mi vientre,
crecía algo, algo que tenía mi sangre, que necesitaba de mi protección, un bebé
que era indefenso, que no le había hecho nada al mundo, solo, por una extraña
razón, había caído con la peor suerte de todos. Su madre vampiro, su padre...un
maldito desquiciado hibrido que no amaba ni a su propia familia.
Tenía ¿días? Y
ya lo estaban tratando de asesinar.
Ya conspiraban
en su contra y no tenía defensa alguna.
Apreté mis
manos contra el rostro y traté de entender todo esto. Una pesaba broma del
destino, pero ¿quién era yo con respecto a la naturaleza? ¿Quién era yo para
pasar a llevar la vida de un bebe que no tenía la culpa? ¿Quién era yo para
negarle mi amor, mi respeto y tratar de protegerlo con mi vida?
No tenía a
nadie más que a mí y yo, en carne propia había sentido el dolor, siendo ya
grande, el rechazo de mis padres por el simple hecho de ser vampiro, y él que
podía ser una criatura mucho más sobrenatural, ¿merecía pasar por lo mismo?
Absolutamente
no, yo no lo permitiría, aunque la cuidad se quemara, aunque la naturaleza
mandase inundaciones, aunque el mismo Klaus tratara de sacarlo dentro de mi con
sus propias manos, porque de si algo estaba segura, Klaus era capas de eso y mucho
más porque en su corazón no había espacio para amar nada y nadie que no fuese
el mismo. Si la naturaleza o las brujas lo atacaban y el podía intercambiar al
bebé por su vida, lo haría.
Y aunque todas
esas cosas pasaran, aunque mi hijo me
tratara de matar, comiéndome por dentro, yo lo defendería, y aunque no sabía
muy bien cómo protegerme a mi misma, aunque tenía mucho miedo, no lo dejaría.
Lo sostendría, lo defendería, aunque nuestras vidas se fueran por ello.
Tenía solo
cinco minutos para lamentarme, una vida, una eternidad para luchar, por él, por
mí.
Abrí los ojos
y observé el cielo gris y no comprendía la inmensidad de las cosas, hasta una
hora yo era solo una adolecente con una eternidad por delante que tenía que
cuidar su trasero en un pueblito demasiado pequeño, ahora, era una chica, con
la misma edad que tenía que mantenerse viva y mantener vivo a un hijo, hijo del
mismísimo demonio en la tierra.
Sentí como una
corriente eléctrica atravesó mi espalda, mi cabeza, era la vida golpeando mi
cuerpo, asumiendo mi nueva condición.
No podía hacer
nada, no había tiempo de llorar, no cuando ahora, ambos corríamos peligro.
Así se habla Caroline, desde mi dimensión te
apoyaré, te ayudaré, solo no bloquees mi voz en tu mente...
Tome aire.
Esto estaba siendo más raro, más sobrenatural que cualquier cosa.
Levanta tu ropa, mira el costado de tu vientre...
Sin entender
demasiado, pensando que me estaba volviendo loca, que me estaba afectando hasta
un punto insospechable toda la idea de ser madre, hice lo que la voz me pedía.
Mi mano buscó el cierre del vestido y lo bajó. Este se deslizó por mi pecho,
hasta mi cintura, donde quedó atascado. Tomé mi pecho izquierdo y lo aplasté
levemente para ver mi cintura. Ahí, donde la voz me había dicho, comenzaba a
dibujarse como un tatuaje, lento, caliente y doloroso, un árbol familiar.
Un Árbol genealógico.
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