-Caroline –le
digo cuando mi mano toca la de él. El moreno, que ahora sé cómo se llama,
Marcel, lleva el dorso de mi mano hasta sus labios y planta ahí un suave beso-
Caroline Forbes –susurro suave cuando él alza una ceja como preguntándose por
algo más que me identifique.
-Bienvenida a
mi cuidad Caroline –me dice él y yo me quedo paralizada por un segundo
¿su..Cuidad? ¿Marcel dijo su cuidad?
Frunzo el ceño y trato de inmediato controlar las muecas de mi cara, ahora sí
que Nueva Orleans se volvió el lugar menos seguro para estar absolutamente sola.
Él se ríe soltando una carcajada que proviene desde el fondo de su pecho.
-¿Hace cuanto
que esta vampirita no visita Nueva Orleans? –me pregunta él y parece sincero.
-Es mi primera
vez aquí –Contesto rápido sin pensármelo mucho, por muy sincero, simpático y
atractivo que parezca, no quiero hablar con nadie y más con alguien que no
conozco, aprendimos eso en Mystic Falls- y estoy un poco apurada –le digo- esta
misma noche me marcho –comento tratando de dar a entender que no tengo nada más
que hacer en su ciudad y que me largo lo más rápido que puedo. No vengo por
problemas, con los míos, y los de mi pueblo, me bastan y me sobran.
-Espera –me
grita tomándome del brazo y girándome suavemente hacia él- no puedo dejar que
te vayas tan rápido de mi cuidad ¿acabas de llegar y nos has conocido sus
encantos? ¡Que me libren de que una mujer así de guapa se marche sin conocer mi
reino! –Yo le dedico una sonrisa suave y de cómplices mientras siento mis
mejillas encenderse un poco. En realidad mi ánimo parece haber subido desde el
menos cuarenta, al menos treinta y nueve.
-Lo siento, ya
no tengo asuntos acá –Contesto encogiéndome de hombros. Lo observo a los ojos y
un brillo especial atraviesa sus ojos, es tan rápido que ya creo que me estoy
imaginando cosas.
-Vamos a beber
algo, pareces tener hambre –susurra suavemente, y está vez mi sonrisa se hace
más grande, es como si supiera lo que me pasa. De pronto, le pongo atención a
mi estomago y me doy cuenta que si tengo hambre. Que tengo hambre como nunca.
Por un segundo dudo y trato de alejarme de él cuando un frío me recorre desde
el inicio de la columna vertebrar hasta el cerebro.
-No,
no...-dice sonriendo mientras me niega con la cabeza. Sus ojos son juguetones y
divertidos- no tengas miedo, solo escuché tu estomago gruñir –Yo abro los ojos
y me llevo las manos a la boca.
-Lo siento, he
tenido una mañana un poco especial –le comento. Él es de esas personas que no
pueden dejar de sonreír, y en realidad me da buena espina. Su sonrisa es
brillante y luminosa. Sus ojos se achinan cuando me invita a un bar qué está a
unas cuadras de donde estamos. Me la pienso por dos segundos y hago un repaso
rápido por mi interior. De verdad tengo hambre, de verdad estoy deprimida e
irme a comer al hotel sola y sufrir por la noticia de que la persona que amo va
a ser padre de un licántropo bebe, deja de ser una opción de inmediato. Al
final, le acepto a Marcel y comenzamos a caminar casi en silencio, mientras él
me lanza unas miradas pocos discretas hasta que llegamos frente a una puerta de
vidrio, rodeada de madera roja. Tiene una campanilla por encima que vibra
cuando Marcel empuja la puerta para que yo entre. De reojo veo la palabra
“abierto” y avanzo hacia la cafetería/bar, es algo así como el Mystic Grill con
la diferencia de que el olor a café caliente me llega de inmediato.
Marcel me guía
hasta una mesa que se encuentra en un rincón al lado de una ventana que da
hacia las calles de lo que comienza a ser una Nueva Orleans llena de gente.
Siento más allá a unos chicos jugar pool. El moreno se sienta al frente de mí y
antes de que abra la boca para decir algo, llega una mesera rubia, mucho más
vieja que nosotros. En su delantal leo el nombre de “Camille” y parece estar en ese segundo, en otro planeta.
-Café –repito
cuando ella me pregunta de nuevo-
-¿Solo café
Caroline? –pregunta Marcel. Yo me encojo de hombros y levanto las manos
mientras el color se sube a mis mejillas. No llevo dinero conmigo y es algo que
detesto desde el fondo de mi corazón. Marcel suelta otra carcajada profunda y
mira a la rubia directo a los ojos.
-Dos cafés y
media docena de galletas por favor Cami –susurra él. Al parecer la conoce. Ella
asiente y camina perdida en sus pensamientos. Mi vista se enfoca en Marcel que
le sigue con los ojos la espalda –o el culo- y luego vuelve la vista hacia mí.
-Parece
distraída –comento yo cuando estrujo mis dedos en mi regazo. No sé qué decirle
y de pronto creo que fue una mala idea venir con un completo desconocido hasta
acá. No sé nada de él y perfectamente puede ser otro síquico loco, o
simplemente un vampiro buena persona –eso me causa una extraña sensación,
porque debería ser “simplemente es un vampiro buen ¿vampiro?”
-Ah, mi amigo
Klaus que está causando estragos con las mujeres de por aquí –Dice Marcel
tirándose hacia atrás en la banqueta, apoyando ambas manos de dedos largos
sobre la mesa mientras me da una mirada directa a los ojos, como si tratara de
averiguar en mi vista, si la palabra “Klaus” o “maldito imbécil hibrido
original” –que son la misma cosa en este momento para mí- causan alguna
reacción. Me doy cuenta que un escalofrió me recorre cuando ya no puedo
evitarlo.
-Algo
característico en Klaus –menciono cuando sé que Marcel ya ha notado que al
menos “Klaus” es algo familiar para mí. Él se hace el desentendido y se impulsa
hacia la mesa, esta vez apoyando sus codos en ella.
-¿Conoces a mi
buen amigo Klaus?- susurra él alzando ambas cejas con una sonrisa que ya parece
característica en su rostro- ¡Eso es una excelente noticia! –yo alzo una ceja
tratando de entenderlo- Klaus es mi mentor, él me enseñó todo lo que sé y es
quien me transformó...- en ese momento el pánico se comienza a apoderar de mi y
siento la vena al lado de mi cuello comenzar a latir. La adrenalina se dispara
por mis venas y siento unas increíbles ganas de correr como si mi vida
dependiese de eso. Si Klaus le enseño a este chico, transforma a Marcel
inmediatamente en una persona mala. Si Klaus convirtió a Marcel, este le debe
respeto y lealtad, cosa que hace que inmediatamente estar con él se vuelva el
doble de peligroso- cualquiera que sea amigo de Klaus, es mi amigo, así son
como funcionan mis reglas en Nueva Orleans.
-¿Tus reglas?
–suelto y me maldigo internamente pateando mi cabeza al instante. Ya no me
puedo retractar, así que busco rápidamente por mi cabeza las palabras adecuadas
para que Marcel no salir desde su puesto por encima de la mesa y me
descuartice.
-Klaus y su
familia gobernaron esta ciudad por mucho tiempo, pero cuando huyeron, yo la
levanté y la hice mía –me dice hendiéndose de hombros e inmediatamente veo la
verdad en sus ojos. Klaus, el territorial, egoísta, egocéntrico Klaus no debe
estar muy feliz con la nueva situación de lo que es, o mejor dicho, fue su cuidad. Una ciudad que al parecer
ahora tiene dos Reyes.
-Entonces me
siento honrada al estar desayunando con el rey de Nueva Orleans –comento por
dos razones, una, no sabía que decirle después de que la mesera rubia dejara
nuestro desayuno, y dos, porque quiero averiguar más información, no porque me
importe Klaus, si no por mi propia seguridad, es bueno saber con quién tratar
cuando estás en cierta situación en la vida.
Con el hibrido ya no podía contar.
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