Bloqueé
inmediatamente la pequeña idea o posibilidad de que me importara lo que le
estuviese pasando Klaus en Nueva Orleans
y como se sentía al respecto de alguien que al parecer él creó se apropiara de
lo que le perteneció.
Tuve el resto
del desayuno la cabeza en otro lado, muy a pesar de mis deseos. No quería tener
en la mente a Klaus.
Mejor dicho,
no quería tener en la mente un Klaus al lado de una zorra –loba, perdón-
llamada Hayle.
Hablé lo justo
y necesario, ni más ni menos, respondí a Marcel y sonreí un par de veces, era
lo mínimo que se merecía por ser tan buen anfitrión. Se notaba una persona
culta, con poder, autocontrol, que no muy diferente a Klaus, también deseaba
lealtad a toda costa, con la gran diferencia de que Marcel tenía métodos muchos
más efectivos que mi hibrido
.
-Ey, Caroline –me
dice el moreno tomándome de la parte baja del brazo. Yo me volteo cuando estaba
a punto de irme y él, me regala una nueva sonrisa preciosa. Sonrio sin dame
cuenta- Esta noche tengo una fiesta, algo pequeño, para mantener a mi gente
contenta, al igual que al gobernador de la cuidad, ya sabes...-Yo alzo una ceja
entendiendo perfectamente hacia donde se dirige todo esto. Él agacha la cabeza
levemente y luego alza sus ojos oscuros- me gustaría que vinieras, a pesar de
que no estabas totalmente aquí, fue agradable...-Mi ánimo sube un poquito,
vamos ¿A qué mujer no le gusta ser elogiada aunque tenga el corazón roto?
-Puede
ser...lo pensaré Marcel –susurro cuando él suelta mi brazo suavemente.
-¡Solo debes
buscar la casa más grande de acá! –me grita cuando me he alejado unas cuantas
cuadras.
Camino no
tratando de pensar demasiado las cosas, debo volver lo más rápido posible a Mystic
Falls, Nueva Orleans, aunque me maravilla y me encanta en demasía no es mi hogar.
Apenas llego a
la habitación en el hotel, me lanzo con fuerza en la cama, simplemente dejándome
caer. Involuntariamente me hago un ovillo, mientras brazo el cojín más cercano
sintiendo un gran entumecimiento por todo el cuerpo. El corazón me late
lentamente y siento ahí una presión fuerte, algo que no me deja respirar.
Una traidora lágrima
se escapa de mi ojo rodando lentamente. Me la seco de un manotazo porque
simplemente no quiero aceptar lo que estoy sintiendo, no quiero admitir lo
mucho que me afecta pensar en un Klaus, Hayle & bebe para el resto de la
eternidad. Yo en ese espacio tan reducido no tengo ninguna cabida.
Junto más mis
piernas con mi pecho y mis hombros comienzan a tiritar mientras todas las
emociones se comienzan a deslizar hacia afuera, dejando más que claro que lo
que siento por Klaus no era algo tan superficial como todo este tiempo quise
creer. No era simplemente el deseo de besar a la persona más malvada del mundo,
tampoco la fascinación platónica de que alguien tan oscuro sintiera algo por mí,
una insignificante vampira.
¿Cuándo se había
acostado con Hayle? ¿Antes o después de que estuviese conmigo? ¿La amaba por
llevar a su hijo en el vientre? ¿Las cosas habían cambiado para él? ¿Su
prioridad sería la nueva familia que formaría?
¿En qué parte
encajaba yo en toda esta historia?
¿Yo encajaba
en alguna parte de la vida de Klaus?
¿Había sido
yo, solo un capricho momentáneo y al tenerme solo pasé a ser una más?
¿Qué demonios
hacia haciéndome todas estas preguntas?
Yo simplemente
no era parte de todo esto, no había un lugar para mí. Tampoco destruiría una
familia por más que el dolor me consumiera, y recordara a Klaus por un par de
miles de años.
Porque no simplemente
era Klaus, era la persona que había mostrado compasión por mí, la que a un
llamado había estado parado en la puerta de mi casa y aunque fuese un jodido,
maldito y desquiciado de la cabeza, lo quería, aunque no supiera amar ni a su
propia familia, a pesar de ir clavando estacas por ahí, ser en la mayoría de
sus días un egoísta, un sobreviviente, alguien dañado, enfermo, deseoso de
poder, alguien que no vivía el día a día maravillándose de las cosas pequeñas,
aunque hubiese quizás, tomado todas las decisiones equivocadas en su vida,
lastimando como una bomba a todos los que lo rodearan.
Lo quería
E incluso, más
que eso, aunque me hubiese tenido al borde de la muerte dos veces solo por
demostrar que era él quién mandaba
Lo amaba.
Estaba
enamorada de un original, hibrido, de más de mil años, que ahora sería papá
junto a la mujer que quizás más despreciaba en el mundo.
Sentí como
otra ola de dolor me llenaba el pecho, como más lagrimas corrían por mi rostro
haciendo que mis hombros se sacudiesen con violencia ¡Esto no debería ser así! Simplemente
los vampiros no deberían amar, deberían, al tener conciencia de la eternidad
que deben vivir, simplemente no deberían sentir ni aferrarse a las cosas
¡maldición! Estaba en una jodida cuidad sola, tratando de que el dolor se
apagara sin tener que con eso apagar mi humanidad.
El corazón me
dio un salto mientras un hilo de emociones comenzaba a enredarse en medio de mi
pecho, haciendo que el dolor fuese profundo, un dolor tanto emocional como
físico.
Abrí la boca cuando
una puntada debajo de las costillas hizo que perdiera todo el aire que contenía
en mis pulmones. Grité de dolor, pero ese sonido no salió de mi garganta.
Me llevé ambas
manos ahí, tratando de sentarme.
¡Respira Caroline!
No podía, sentía
que el aire estaba atascado, ahí, que no podía entrar. Apreté un poco mi
garganta. Me comencé a desesperar.
¡Respira Caroline!
Fue mi último
pensamiento antes de irme a negro por completo.
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Me harían muy feliz. sería el mejor pago de todos.
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