Lo escuché
quedarse ahí por minutos, jugando con mi pelo. Sentí sus labios contra mis
dedos y algo húmedo.
Se me paró el
corazón y lentamente abrí los ojos.
-Klaus...-Susurré
y sus ojos se alzaron hacia mí, esos preciosos ojos oscuros, que escondían
tantas cosas, desde los más bellos poemas y todo la opulencia de miles de
siglos, la elegancia, la sensualidad, hasta lo más oscuro, macabro, el rostro
de cada una de sus víctimas que lo miraron al momento de que la vida se les
escapaba en un suspiro lento.
Esos ojos que
ahora estaban mezclados, empañados de lagrimas y con pequeñas venas rojas.
-Lo
siento...-Susurró y con el puño de la manga se seco las lagrimas.
Klaus Mikelson
estaba llorando mientras sostenía mi mano, él, la persona que todos, incluso yo
en ciertos momentos creía que era una bestia.
No lo
entendía, eran ese tipo de cosas que a mí me sacaban de mi mundo, de mis
casillas, haciéndome perder la razón porque no le entendía.
-No quería,
yo...Caroline –Me senté en la cama con gran esfuerzo, cansada de un día
demasiado largo, con demasiadas sorpresas.
-No te
entiendo –Mi voz fue calmada, pero aun así traté de soltar mis dedos de su
agarre, no podía pretender que hace solo un par de horas me tenía acorralada
contra un árbol con ansias de sacarme del vientre a su propio hijo con las
garras. No podía, por más que mis sentimientos por él en situaciones como esta
salieran a flor de piel.
-Ni yo me
entiendo a veces –Sus dedos fueron más rápidos y se engancharon a los míos
mientras se sentaba frente a mi a un lado de la cama- siempre, aunque nadie lo
crea he tratado de hacer lo mejor para mi, para los que quiero...aunque a veces
no me salga como quiero.
-Klaus por
favor, estoy cansada.
-Solo déjame
terminar –Me pidió y alzó sus ojos. Lo miré por varios segundos y ¿quién
jodidamente era yo, para no dejarlo hablar? ¿Qué sacaba con gastar mis pocas
energías disponibles discutiendo con él, tratando de que saliera de mi casa? Al
final, él siempre ganaba, siempre se quedaba donde quería, con lo que quería,
con quien quería.
Asentí.
-No es que no
ame a tu, a nuestro bebé Caroline, no quiero que esa...ese, bebé te consuma por
dentro.
-Esa es mi
decisión –lo interrumpí. Era doloroso escuchar su forma de hablar.
-Las pocas
cosas que me importan, siempre, las pierdo, no te quiero perder ahora, que al
fin Tyler desapareció, ahora que tengo mi cuidad, que tengo todo bajo control,
que estoy dispuesto a vivir...después de mil años. No te quiero perder
Caroline, no quiero.
-Me perderás
de todos modos, siempre me pierdes cuando eres estúpido, cuando haces cosas
estúpidas que me dañan...
-Te quiero
conmigo...
-Yo quiero a
este bebe conmigo Klaus –Suspiré y lo dije tranquilamente como si le explicara
a un niño con dibujitos.
Sus ojos se
cerraron por varios segundos, mientras yo tragaba con dificultad, tratando de
adivinar que parte venía ahora, porque si algo sabía bien, era que Klaus era lo
menos predecible de este mundo, que en cualquier momentos sus estados de ánimo
se iban al demonio y comenzaba a hacer cosas horribles.
Incluso a los
que amaba, de hecho con más peligro que el resto, porque los demás corrían.
-No puedo ser
un buen padre Caroline, no el que tú te mereces para un bebe.
-Si puedes
Klaus –Esta vez fui yo la que tomó sus manos- no te estoy pidiendo ser un padre
perfecto, pero no le hagas a tu bebé lo que tu padre te hizo y maldición,
estamos en esto porque la naturaleza nos jugó una mala pasada, pero no nos
queda de otra que jugar nuestras fichas por esto que nos tocó vivir...¡Al menos
yo haré eso!
-Tú no tienes
todo un pasado que te persigue Caroline, no lo tienes.
-No es escusa
Klaus, quizás sí, tengas un pasado horrible
Su rostro se
volvió una mueca desagradable, yo sonreí con los ojos empañados tratando de ser
fuerte para que él se volviera fuerte en esta situación.
-Pero queda
todo un futuro, una eternidad si no nos clavan una estaca, todo un legado que
hacer...
Me sonrió.
-Por eso me
encantas –Se acercó peligrosamente a mí y mi corazón comenzó una mataron de bombeo
de sangre. Sentí las mejillas enrojecer, cuando sus dedos pasaron por mi cara,
sus labios delineando los míos. Estaba loca si me permitía quererlo, dejarlo
entrar, pero...-eres luz Caroline, en toda esta oscuridad.
Nuestros
labios se juntaron, él recorrió los míos con demasiada ternura, mientras una de
sus manos se cerraba en la parte trasera de mi cuello, jugueteando con mi pelo.
Me mordió levemente el labio inferior y sonrió cuando nos separamos.
-Solo...prometeme
que no me arrancaras a mi hijo de las entrañas –pedí. Él sonrió, casi con vergüenza.
-No Caroline,
haremos juntos este nuevo reino...Ya lo veo venir.
Ese, exactamente
era el Klaus que yo conocía. Sonreí y corrí las colchas invitándolo a dormir,
dejando en el suelo mi poca cordura.
-Solo dime que
puedo hacer por ti –Preguntó con ojos brillantes.
-Necesito
beber de tu sangre para sobrevivir –Susurré. Él se levantó la manga de la
camiseta negra y me enseñó su muñeca.
Era la ofrenda
de paz.
Sentí como el ansia
me golpeaba las entrañas, el pequeño monstruito moviéndose dentro de mí,
reclamando por el sabor, el calor de la sangre de su padre, de lo que sería su
sangre.
Las venas
alrededor de mis ojos se hincharon y mis colmillos aparecieron. Lo miré a los
ojos y mordí directo en la vena. Mis ojos en los suyos, su mirada pegada en mí.
Bebí hasta que la cosa dentro de mi se dejo de mover zaceada. Klaus cerró los
ojos.
-Eso es
sensual amor –Susurró y yo me reí. Él se acercó y lamió su propia sangre sobre
mis labios.
Me hice a un
lado sin saber si hacía bien, si hacía mal, donde iba a terminar todo esto, para
que se recostara a mi lado. Se sacó la polera, dejado a la vista ese perfecto
pecho y músculos lisos y se acostó a mi lado. Pasó sus brazos sobre mi hombro y
me acurruqué, sintiendo su calor, el olor a jabón y a Klaus, sintiendo, que
estaba en el lugar más peligroso en el mundo y por lo mismo, podía dormir
tranquila, porque nada peor, que estar con el mismo Klaus me iba a pasar.
Cerré los ojos
y me acomodé sintiendo como sus dedos acariciaban mi espalda por debajo de la
polera, como su cuerpo se iba destensando poco a poco, como se relajaba y su
pecho se calmaba.
Me fui
quedando dormida, sintiendo el latido de su corazón, el mio y el de nuestro
hijo, que quizás iba a ser nuestra redención o quizás la perdición, pero por
esta soche, solo éramos nosotros, pidiéndole una tregua al mundo, al mal y a la
naturaleza, para sentirnos lo más posible a los humanos, con su calma, su paz y
problemas simples, a pesar de nuestra condición de hibrido, vampira y mostrito.
Por favor síguelaaaaa!
ResponderEliminarSeguilaaa! Me encanta!!
ResponderEliminarsigela porxxxx
ResponderEliminar