Sus ojos eran
oscuros, estaban en llamas, viendo como la vida de su hijo, estaba ahí a un
paso, a un movimiento, viendo como los míos se desorbitaban, como el aire se me
iba de los pulmones y él parecía imperturbable, pero con miles de demonios
saliendo de la nada.
Cerré los
ojos, no quería saber que venía a continuación.
-¡Hijo de
puta! –Fue más un chillido que cualquier otra cosa. El cuerpo de Klaus salió
violentamente hacia atrás, dejándome sin presión. Abrí los ojos y las piernas
me temblaron, haciendo que me deslizara por el tronco del árbol. Mis manos se
fueron directo al piso, enterrando mis manos. Tenía que correr.
Me paré rápido
dispuesta a moverme cuando nada más ni nada menos que Rebekah estaba frente a mí.
-Escucha,
Caroline, te odio, pero mi hermano es un cerdo...-No tenía, tiempo, ni ganas de
hablar con ella. Miré sobre mi hombro a Klaus secándose un palo de madera que
tenía atravesado en el pecho. Sentí mis instintos o más bien el hijo que él
quería matar, reaccionar ante el olor. Se me dobló el cuerpo, contrayéndose,
justo cuando se supone que debía correr por mi vida, para que el desgraciado no
sacara al bebé como uno de los tantos corazones que en su vida había tomado sin
permiso.
-Rebekah –El dolor
fue más fuerte y la rubia me sostuvo. Escuché como algo le decía a Klaus,
mientras yo solo pensaba en que necesitaba su sangre y no sabía que me dolía
más, asumir mi realidad, de que dependía mi jodida vida de él o el mismo dolor.
-No seas
desgraciado Klaus, ya has hecho bastante –La voz de Rebekah se escuchaba distorsionada.
Un brazo llegó a mis labios y bebí de una piel demasiado suave. Levanté la
vista y me encontré con los ojos verdes de ella- tranquila –Susurró como
cansada, como si ver a mujeres embarazadas por Klaus fuera lo más normal de la
vida.
-¡Deja de
desobedecerme! –Escuché como algo a lo lejos se rompió- ¡te das cuenta! ¡A esta
maldita mierda es a lo que me refiero, ese hijo no puede nacer.
-Cierra la
boca –Esta fue Rebekah. Su sangre caliente corrió por mi garganta, hasta el
estomago. Cuando tuve suficiente, alejé su muñeca lentamente y me limpié los labios
con el dorso de la mano- ¿estás mejor?
-Lo estaré por
cinco minutos –Le dije poniéndome de pie. Me tendió la mano y a pesar de que la
miré con desconfianza, al final la tomé- gracias.
-No lo
agradezcas, te costará algo en un futuro cuando tu hijo nos quiera matar a
todos –Ella me miró por largos segundos. No entendí el chiste, pero por su
sonrisa supe que fue una broma de mal gusto. Sonreí al ver lo loco y
desquiciado que era todo esto.
-¡Caroline! –La
voz de Elena salió ahogada después de unos segundos. Venía corriendo con Damon
y Bonnie. Sus ojos se enfocaron en los míos y en dos segundos, los brazos de
Damon se cerraron sobre el cuello de Klaus-
-¡Quietos
todos! –Gritó Rebekah- estamos todos del mismo lado, buenos Klaus no.
-Solo muérete –Susurró
Damon con los dientes apretados. Los brazos de Elena y los de Bonnie pasaron
por mi cintura, como sosteniéndome, previendo que me caería, pero
milagrosamente no fue así.
-Bonnie no te
podía rastrear, es como si tuvieses una capa invisible o algo así –Dijo Elena. No
la escuché porque mi concentración estaba en Klaus, sus ojos en los míos, su
maldita sonrisa torcida, pero no era la clásica, tenía algo más oscuro...
-Vámonos a
casa –Fue lo que dijo Damon cuando soltó a Klaus, listo para reaccionar a un
posible ataque. Pero el hibrido levantó los brazos en forma de rendición.
Esto no estaba
bien, Klaus no se daba por vencido porque sí, no sin antes luchar.
Esta salida
estaba siendo demasiado fácil.
Sí, era muy
fácil más si hablábamos de Klaus.
Me solté de
mis amigas y comencé a caminar en dirección a la casa. Rebekah se quedó parada
a unos metros de su hermano, observándonos sin decir nada y no es que yo
entendiera mucho, pero la espina dorsal se me erizó cuando Klaus dijo lo más
terrible que ha dicho y hecho probablemente en su vida, o al menos, que me había
hecho y dicho a mí.
-Morirá de
todas formas, cuando tus entrañas se acaben y dejes de respirar –Su voz fue
seca- la naturaleza no se equivoca.
Se me secó la
garganta y sentí como un puñetazo en la cara, la maldita realidad chocando
contra mí, otra vez, dándole la jodida razón, pero era tan duro escucharlo de
la boca de una persona que pensabas querer, que pensabas que te quería.
Mis pies se
detuvieron contra la tierra, pero no miré atrás. No lo dudé y comencé a caminar
de nuevo, tratando de no pensar en sus palabras, en lo real que eran, lo que
significaba.
Los brazos de
Elena pasaron por mis hombros, como dándome apoyo moral.
Esta era la última
vez que vería a Klaus y me lo juraba a mí misma.
En silencio
llegamos a mi casa. Mi madre había tenido que ir a una convención de Sheriff no
sé dónde y en realidad lo agradecí, no quería a nadie cerca, viendo como me destruía
poco a poco, como mis fuerzas se iban y me volvía loca con los miles de pensamientos
que me acosaban sin ningún sentido.
Me palpitaba
la cabeza y estaba sorprendida que aun no rechazara la sangre de Rebekah de mi
organismo. Me tiré al sillón como un saco de papas ante la mirada atentas de
mis amigos. Negué con la cabeza, necesitaba estar sola.
-no te
dejaremos aquí con el sicópata tratando de matar a su propio hijo –La voz de
Elena fue categórica. Alcé los ojos y la miré.
Estaba tan
agradecida de tener a las personas que tenía a mí alrededor.
-Estaré bien
-Podemos
quedarnos aquí ¿verdad? –Le dijo Bonnie a los chicos.
Damon se
encogió de hombros.
-Yo duermo con
Elena en el sillón –contestó. Esforcé una sonrisa.
-Necesito un
baño, estaré bien, digamos que me cuidan del más allá, y que pase lo que tenga
que pasar.
Sin despedirme
me levanté y subí las escalera arrastrando los pies.
-De verdad
quiero estar sola –Dije sin mirar atrás mas menos a la mitad de camino.
Cuando llegué
al baño me desnudé, poniéndome en opción robot. Saqué el vestido pesado, lleno
de tierras, lágrimas, restos de sangre y pesar. Cuando cayó al suelo, a mis
pies, sentí un alivio enorme, como si me hubiese sacado un gran peso de encima.
Miré hacia el
lado, el gran espejo dejaba ver una chica demasiado curvilínea con solo tangas
negras. Pasé mi brazo sobre mi pecho y me observé: estaba más pálida que lo de
costumbre, mi pelo era un total desastre, mis ojos estaban rojos y pequeños por
las lagrimas y tenía el ceño fruncido, los labios semi abiertos.
Bajé la
mirada.
Mi estomago
aun era plano, y me costó asumir que
dentro de mi había algo con vida, un bebé, un hijo.
Toquetee con
la mano libre y sentí sectores más sensibles. Tenía moretones que comenzaban a
tomar un tono verde muy suave casi imperceptible.
Respiré
profundo y me alejé. Abrí la llave de la ducha y corrí las mamparas. Cuando
entré y el agua tibia chocó contra mi piel me deslicé suavemente hasta que mi
trasero, en tanga quedó en la cerámica fría. Deslicé la pieza de ropa, lanzándola
lejos y me quedé ahí por largos minutos, abrazando mis piernas con la cabeza
hacia atrás, pensando que todo esto era muy fuerte, que mi vida dependía de un
ser del cual no se podía depender sin tener que bajar al mismísimo infierno.
Treinta
minutos de larga reflexión más quince de baño, me dejaron agotada, mi fuerza
estaba disminuida y me di cuenta que era extraño que los moretones no
desaparecieran rápidamente, era vampiro, se suponía que era inmortal.
Las últimas
palabras de Klaus tomaron más sentido ahora.
Él sabía algo
que yo ignoraba completamente.
Negué con la
cabeza para dejar de pensar en eso. Me puse pijama y calcetines. Cerré las
cortinas y encendí la luz.
Esto se sentía
tan vacío.
Me sequé el
cabello sintiendo que no podía con mi mismo ser. Lo apagué y lancé con
demasiada violencia contra la muralla, haciendo que se partiera en mis pedazos.
Esto no estaba
pasando.
No.
Me dejé caer
encima de la cama y me cubrí, tratando de reducir mi respiración a lo mínimo,
pensando en la nada.
El cansancio
fue más que la preocupación, las dudas y la angustia. Los ojos se me fueron
cerrando pesadamente pero no podía dormir, estaba en un estado extraño, como en
el límite de lo dormida y lo despierta.
Todo parecía distorsionado.
Me moví
incomoda por la cama, cuando sentí la puerta en el primer piso abrirse. Traté
de ponerme en alerta, cuando moví la colcha para correr, Klaus ya estaba
llegando a la puerta. Decidí dejar mis dedos quietos y hacerme la dormida, es
mejor que él no estuviera alerta, así podía correr con más facilidad.
El corazón me
latía rápido, sentía la respiración atascada en el pecho y la sangre bombear.
Estaba en máxima alerta y en un esfuerzo sobre vampírico, mantuve los ojos
cerrados, pero los oídios muy atentos.
Escuché como
caminaba lentamente por mi habitación, me sentía como un ratón que sabe que el
gato saltará sobre él en cualquier instante y hasta ahí llegará su vida.
Los pasos se
detuvieron, pero el latido de su no-corazón
estaba cerca. Un dedo se deslizó por mi cara y sentí como mi piel se sobresaltaba.
Su simple contacto hicieron que me sintiera muerta, enferma y con ganas de
vomitar, pero mantuve mi papel.
Lo frío de su
mano dejó una huella en mi cara y miles de caminos más, porque él me acariciaba
tiernamente y yo no lo entendía.
Conté los
minutos para correr, alejarme de él lo más posible, con ganas de salir si fuese
posible a la luna con tal de sobrevivir, pero no, ahí estaba él, sentándose a
mi lado, yo sin poder moverme, sin saber que me iba a hacer...
___________
Hola, perdón el retraso, pero el tiempo no me está alcanzando, con las tareas y mi otra novela, por lo que estoy pensando seriamente en cancelar esta, porque se me esta haciendo muy muy difícil, y si no me tienen paciencia, no podré seguir publicando, aunque sea, una vez por semana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario