sábado, 12 de abril de 2014

Family Tree: Capítulo 27

Sus ojos eran oscuros, estaban en llamas, viendo como la vida de su hijo, estaba ahí a un paso, a un movimiento, viendo como los míos se desorbitaban, como el aire se me iba de los pulmones y él parecía imperturbable, pero con miles de demonios saliendo de la nada.

Cerré los ojos, no quería saber que venía a continuación.

-¡Hijo de puta! –Fue más un chillido que cualquier otra cosa. El cuerpo de Klaus salió violentamente hacia atrás, dejándome sin presión. Abrí los ojos y las piernas me temblaron, haciendo que me deslizara por el tronco del árbol. Mis manos se fueron directo al piso, enterrando mis manos. Tenía que correr.

Me paré rápido dispuesta a moverme cuando nada más ni nada menos que Rebekah estaba frente a mí.

-Escucha, Caroline, te odio, pero mi hermano es un cerdo...-No tenía, tiempo, ni ganas de hablar con ella. Miré sobre mi hombro a Klaus secándose un palo de madera que tenía atravesado en el pecho. Sentí mis instintos o más bien el hijo que él quería matar, reaccionar ante el olor. Se me dobló el cuerpo, contrayéndose, justo cuando se supone que debía correr por mi vida, para que el desgraciado no sacara al bebé como uno de los tantos corazones que en su vida había tomado sin permiso.

-Rebekah –El dolor fue más fuerte y la rubia me sostuvo. Escuché como algo le decía a Klaus, mientras yo solo pensaba en que necesitaba su sangre y no sabía que me dolía más, asumir mi realidad, de que dependía mi jodida vida de él o el mismo dolor.

-No seas desgraciado Klaus, ya has hecho bastante –La voz de Rebekah se escuchaba distorsionada. Un brazo llegó a mis labios y bebí de una piel demasiado suave. Levanté la vista y me encontré con los ojos verdes de ella- tranquila –Susurró como cansada, como si ver a mujeres embarazadas por Klaus fuera lo más normal de la vida.

-¡Deja de desobedecerme! –Escuché como algo a lo lejos se rompió- ¡te das cuenta! ¡A esta maldita mierda es a lo que me refiero, ese hijo no puede nacer.

-Cierra la boca –Esta fue Rebekah. Su sangre caliente corrió por mi garganta, hasta el estomago. Cuando tuve suficiente, alejé su muñeca lentamente y me limpié los labios con el dorso de la mano- ¿estás mejor?

-Lo estaré por cinco minutos –Le dije poniéndome de pie. Me tendió la mano y a pesar de que la miré con desconfianza, al final la tomé- gracias.

-No lo agradezcas, te costará algo en un futuro cuando tu hijo nos quiera matar a todos –Ella me miró por largos segundos. No entendí el chiste, pero por su sonrisa supe que fue una broma de mal gusto. Sonreí al ver lo loco y desquiciado que era todo esto.

-¡Caroline! –La voz de Elena salió ahogada después de unos segundos. Venía corriendo con Damon y Bonnie. Sus ojos se enfocaron en los míos y en dos segundos, los brazos de Damon se cerraron sobre el cuello de Klaus-

-¡Quietos todos! –Gritó Rebekah- estamos todos del mismo lado, buenos Klaus no.

-Solo muérete –Susurró Damon con los dientes apretados. Los brazos de Elena y los de Bonnie pasaron por mi cintura, como sosteniéndome, previendo que me caería, pero milagrosamente no fue así.

-Bonnie no te podía rastrear, es como si tuvieses una capa invisible o algo así –Dijo Elena. No la escuché porque mi concentración estaba en Klaus, sus ojos en los míos, su maldita sonrisa torcida, pero no era la clásica, tenía algo más oscuro...

-Vámonos a casa –Fue lo que dijo Damon cuando soltó a Klaus, listo para reaccionar a un posible ataque. Pero el hibrido levantó los brazos en forma de rendición.

Esto no estaba bien, Klaus no se daba por vencido porque sí, no sin antes luchar.

Esta salida estaba siendo demasiado fácil.

Sí, era muy fácil más si hablábamos de Klaus.

Me solté de mis amigas y comencé a caminar en dirección a la casa. Rebekah se quedó parada a unos metros de su hermano, observándonos sin decir nada y no es que yo entendiera mucho, pero la espina dorsal se me erizó cuando Klaus dijo lo más terrible que ha dicho y hecho probablemente en su vida, o al menos, que me había hecho y dicho a mí.

-Morirá de todas formas, cuando tus entrañas se acaben y dejes de respirar –Su voz fue seca- la naturaleza no se equivoca.

Se me secó la garganta y sentí como un puñetazo en la cara, la maldita realidad chocando contra mí, otra vez, dándole la jodida razón, pero era tan duro escucharlo de la boca de una persona que pensabas querer, que pensabas que te quería.

Mis pies se detuvieron contra la tierra, pero no miré atrás. No lo dudé y comencé a caminar de nuevo, tratando de no pensar en sus palabras, en lo real que eran, lo que significaba.

Los brazos de Elena pasaron por mis hombros, como dándome apoyo moral.
Esta era la última vez que vería a Klaus y me lo juraba a mí misma.

En silencio llegamos a mi casa. Mi madre había tenido que ir a una convención de Sheriff no sé dónde y en realidad lo agradecí, no quería a nadie cerca, viendo como me destruía poco a poco, como mis fuerzas se iban y me volvía loca con los miles de pensamientos que me acosaban sin ningún sentido.

Me palpitaba la cabeza y estaba sorprendida que aun no rechazara la sangre de Rebekah de mi organismo. Me tiré al sillón como un saco de papas ante la mirada atentas de mis amigos. Negué con la cabeza, necesitaba estar sola.

-no te dejaremos aquí con el sicópata tratando de matar a su propio hijo –La voz de Elena fue categórica. Alcé los ojos y la miré.

Estaba tan agradecida de tener a las personas que tenía a mí alrededor.
-Estaré bien

-Podemos quedarnos aquí ¿verdad? –Le dijo Bonnie a los chicos.
Damon se encogió de hombros.

-Yo duermo con Elena en el sillón –contestó. Esforcé una sonrisa.
-Necesito un baño, estaré bien, digamos que me cuidan del más allá, y que pase lo que tenga que pasar.

Sin despedirme me levanté y subí las escalera arrastrando los pies.

-De verdad quiero estar sola –Dije sin mirar atrás mas menos a la mitad de camino.

Cuando llegué al baño me desnudé, poniéndome en opción robot. Saqué el vestido pesado, lleno de tierras, lágrimas, restos de sangre y pesar. Cuando cayó al suelo, a mis pies, sentí un alivio enorme, como si me hubiese sacado un gran peso de encima.

Miré hacia el lado, el gran espejo dejaba ver una chica demasiado curvilínea con solo tangas negras. Pasé mi brazo sobre mi pecho y me observé: estaba más pálida que lo de costumbre, mi pelo era un total desastre, mis ojos estaban rojos y pequeños por las lagrimas y tenía el ceño fruncido, los labios semi abiertos.
Bajé la mirada.

Mi estomago aun era plano, y  me costó asumir que dentro de mi había algo con vida, un bebé, un hijo.

Toquetee con la mano libre y sentí sectores más sensibles. Tenía moretones que comenzaban a tomar un tono verde muy suave casi imperceptible.
Respiré profundo y me alejé. Abrí la llave de la ducha y corrí las mamparas. Cuando entré y el agua tibia chocó contra mi piel me deslicé suavemente hasta que mi trasero, en tanga quedó en la cerámica fría. Deslicé la pieza de ropa, lanzándola lejos y me quedé ahí por largos minutos, abrazando mis piernas con la cabeza hacia atrás, pensando que todo esto era muy fuerte, que mi vida dependía de un ser del cual no se podía depender sin tener que bajar al mismísimo infierno.

Treinta minutos de larga reflexión más quince de baño, me dejaron agotada, mi fuerza estaba disminuida y me di cuenta que era extraño que los moretones no desaparecieran rápidamente, era vampiro, se suponía que era inmortal.

Las últimas palabras de Klaus tomaron más sentido ahora.

Él sabía algo que yo ignoraba completamente.

Negué con la cabeza para dejar de pensar en eso. Me puse pijama y calcetines. Cerré las cortinas y encendí la luz.

Esto se sentía tan vacío.

Me sequé el cabello sintiendo que no podía con mi mismo ser. Lo apagué y lancé con demasiada violencia contra la muralla, haciendo que se partiera en mis pedazos.

Esto no estaba pasando.

No.

Me dejé caer encima de la cama y me cubrí, tratando de reducir mi respiración a lo mínimo, pensando en la nada.

El cansancio fue más que la preocupación, las dudas y la angustia. Los ojos se me fueron cerrando pesadamente pero no podía dormir, estaba en un estado extraño, como en el límite de lo dormida y lo despierta.

Todo parecía distorsionado.

Me moví incomoda por la cama, cuando sentí la puerta en el primer piso abrirse. Traté de ponerme en alerta, cuando moví la colcha para correr, Klaus ya estaba llegando a la puerta. Decidí dejar mis dedos quietos y hacerme la dormida, es mejor que él no estuviera alerta, así podía correr con más facilidad.

El corazón me latía rápido, sentía la respiración atascada en el pecho y la sangre bombear. Estaba en máxima alerta y en un esfuerzo sobre vampírico, mantuve los ojos cerrados, pero los oídios muy atentos.

Escuché como caminaba lentamente por mi habitación, me sentía como un ratón que sabe que el gato saltará sobre él en cualquier instante y hasta ahí llegará su  vida.

Los pasos se detuvieron, pero el latido de su no-corazón estaba cerca. Un dedo se deslizó por mi cara y sentí como mi piel se sobresaltaba. Su simple contacto hicieron que me sintiera muerta, enferma y con ganas de vomitar, pero mantuve mi papel.

Lo frío de su mano dejó una huella en mi cara y miles de caminos más, porque él me acariciaba tiernamente y yo no lo entendía.

Conté los minutos para correr, alejarme de él lo más posible, con ganas de salir si fuese posible a la luna con tal de sobrevivir, pero no, ahí estaba él, sentándose a mi lado, yo sin poder moverme, sin saber que me iba a hacer...

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Hola, perdón el retraso, pero el tiempo no me está alcanzando, con las tareas y mi otra novela, por lo que estoy pensando seriamente en cancelar esta, porque se me esta haciendo muy muy difícil, y si no me tienen paciencia, no podré seguir publicando, aunque sea, una vez por semana.

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